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    12/19/2008

    Mariposa de otoño

     

    LA mariposa volotea
    y arde —con el sol— a veces.

    Mancha volante y llamarada,
    ahora se queda parada
    sobre una hoja que la mece.

    Me decían: —No tienes nada.
    No estás enfermo. Te parece.

    Yo tampoco decía nada.
    Y pasó el tiempo de las mieses.

    Hoy una mano de congoja
    llena de otoño el horizonte.
    Y hasta de mi alma caen hojas.

    Me decían: —No tienes nada.
    No estás enfermo. Te parece.

    Era la hora de las espigas.
    El sol, ahora,
    convalece.

    Todo se va en la vida, amigos.
    Se va o perece.

    Se va la mano que te induce.
    Se va o perece.

    Se va la rosa que desates.
    También la boca que te bese.

    El agua, la sombra y el vaso.
    Se va o perece.

    Pasó la hora de las espigas.
    El sol, ahora, convalece.

    Su lengua tibia me rodea.
    También me dice: —Te parece.

    La mariposa volotea,
    revolotea,
    y desaparece.
     
    -Pablo Neruda-
     
    Luna
    ¡Cuanto Silencio en el bosque!
    Faltan pocos días para que acabe el otoño,
    y antes que el invierno apriete busco un lugar Soleado,
    un abrazo apasionado, un aliento en mis frias manos,
    ¡Un Hogar lleno de Almas calientes!
     
    ¡Cuanto Silencio en el Bosque!
    ¡La Vida se fué apagando, mi mariposa perece!
    ¡Todo se va, todo vuelve!
    ¡Sigo enREDando en el aire aullidos azul celestes
    esperAndo en SolEdad que el Eco me los regrese!
     
    12/14/2008

    Es Navidad para todos. Camarón de la Isla. Villancico flamenco

    Luna
    ¡Feliz Navidad!
     
    ¡Que Dios reparta la Suerte entre tooodos!
     
     
     
    Desde el Ancho Estrecho quiero compartir contigo
     este Villancico flamenco y La Luz del Espíritu Navideño.
     
     
     

    RE:Prólogo Freedomyn. Manual de un Guerrero de La Luz

     

    Un guerrero de la luz muchas veces se desanima.

    Siente que nada consigue despertar la emoción que deseaba.

    Muchas tardes y noches debe permanecer manteniendo una posición conquistada

    sin que ningún acontecimiento nuevo le devuelva el entusiasmo.

    Sus amigos comentan: "Tal vez su lucha haya terminado".

    El guerrero siente dolor y confusión al escuchar estos comentarios porque

    sabe que aún no llegó hasta donde quería. Pero es obstinado,

    y no abandona lo que había decidido hacer.

    Entonces, cuando menos lo espera, una nueva puerta se abre.

    -Paulo Coelho-

    "Manual de un Guerrero de la Luz"

    Arco iris

    desde http://freedomyn.blogspot.com

     

    En respuesta al comentario de AmAya, la niña de colores,

    con quien comparto "realidades" e ilusiones...

    12/12/2008

    Disciplina y/o Libertad. "El Arte de ViVir"

     

                                                                                                            El Arte de ViVir

                                                                                                              Krishnamurti

                                                                                                                  capt. 4

    El problema de la disciplina es realmente muy complejo, porque la mayoría de nosotros piensa que mediante alguna forma de disciplina tendremos finalmente la libertad.  La disciplina es el cultivo de la resistencia, ¿no es así?  Pensamos que resistiendo, erigiendo internamente una barrera contra algo que considerarnos malo, seremos más capaces de comprenderlo y de tener libertad para vivir plenamente; pero eso no es un hecho, ¿verdad?  Cuanto más resisten o luchan contra algo, tanto menos lo comprenden.  Ciertamente, es sólo cuando hay libertad, verdadera libertad para pensar, para descubrir, cuando uno puede llegar a saber alguna cosa.

    Pero la libertad, obviamente, no puede existir dentro de una estructura.  Y casi todos nosotros vivimos en una estructura, en un mundo creado por ideas, ¿no es así?  Por ejemplo, sus padres y sus maestros les dicen lo que está bien y lo que está mal, qué es dañino y qué es beneficioso.  Y ustedes saben lo que dice la gente, lo que dice el sacerdote, lo que dice la tradición y lo que han aprendido en la escuela.  Todo eso forma una especie de cercado dentro del cual viven, y, viviendo dentro de ese cercado, dicen que son libres. ¿Lo son? ¿Puede un hombre ser libre alguna vez, en tanto esté viviendo en una prisión?

    Por lo tanto, uno ha de demoler los muros que lo mantienen preso en la tradición y descubrir por sí mismo qué es lo real, lo verdadero.  Tiene que experimentar y descubrir por su cuenta, y no seguir meramente a alguien, por noble o estimulante que sea esa persona y por feliz que uno pueda sentirse en su presencia.  Lo importante es ser capaz de examinar, no sólo aceptar, todos los valores creados por la tradición, todas las cosas que la gente ha dicho que son buenas, beneficiosas, valiosas.  En el momento en que aceptan, empiezan a amoldarse, a imitar; y el amoldarse, el imitar, el seguir, jamás pueden hacer que uno sea libre y dichoso.

    Nuestros mayores dicen que ustedes deben ser disciplinados.  La disciplina se la imponen ustedes a sí mismos y les es impuesta por otros, desde fuera.  Pero lo importante es estar libres para pensar, para inquirir, de modo que puedan empezar a descubrir por sí mismos.  Por desgracia, la mayoría de la gente no quiere pensar, no quiere descubrir; tiene mentes cerradas.  Pensar profundamente, investigar las cosas y descubrir por uno mismo lo que es verdadero, resulta muy difícil; requiere percepción alerta, investigación constante, y la mayoría de las personas no tiene ni la disposición ni la energía para eso.  Dicen: "usted sabe mejor que yo; usted es mi gurú, mi maestro, y yo le seguiré".

    Es entonces muy importante que desde la más tierna edad estén ustedes libres para descubrir y no se hallen cercados por un muro de "debes" y "no debes", porque si les dicen constantemente lo que deben y lo que no deben hacer, ¿qué ocurrirá con su inteligencia?  Serán entidades irreflexivas que solamente siguen una carrera, a las que sus padres les dicen con quién deben casarse o no casarse; y eso, evidentemente, no es la acción de la inteligencia.  Ustedes podrán pasar sus exámenes y ser muy prósperos, podrán tener buenas ropas y estar llenos de joyas, podrán gozar de amigos y de prestigio, pero en tanto estén atados por la tradición, no puede haber inteligencia.

    La inteligencia, por cierto, adviene sólo cuando tenemos libertad para investigar, para considerar cuidadosamente las cosas y descubrir; de ese modo nuestra mente se vuelve muy activa, muy alerta y clara.  Entonces somos individuos plenamente integrados, no entidades temerosas que, no sabiendo qué hacer, sienten internamente una cosa y exteriormente se ajustan a algo diferente.

    La inteligencia les exige que rompan con la tradición y vivan su propia vida, pero están cercados por las ideas de sus padres acerca de lo que deben y lo que no deben hacer y por las tradiciones de la sociedad.  En consecuencia, hay un conflicto desarrollándose internamente, ¿no es así?  Ustedes son todos jóvenes, pero no creo que sean demasiado jóvenes como para no darse cuenta de todo esto.  Quieren hacer algo, pero sus padres y maestros les dicen: "no lo hagas".  Por eso tiene lugar una lucha interna, y en tanto no resuelvan esa lucha estarán atrapados en el conflicto, en la pena, en el dolor, deseando perpetuamente hacer algo y estando impedidos de hacerlo.

    Si lo investigan cuidadosamente, verán que la disciplina y la libertad son contradictorias, y que al buscar la verdadera libertad se pone en marcha un proceso diferente que trae su propia clarificación, de modo tal que ustedes simplemente no hacen ciertas cosas.

    Mientras son jóvenes, es muy importante que estén libres para descubrir y se les ayude a que descubran lo que realmente quieren hacer en la vida.  Si no lo descubren mientras son jóvenes, jamás lo descubrirán y ya nunca serán individuos libres y dichosos.  La semilla debe ser sembrada ahora, de modo que comiencen ahora a tomar la iniciativa.

    En el camino, han pasado frecuentemente junto a aldeanas que llevan pesadas cargas, ¿no es así? ¿Qué sienten respecto de ellas?  Esas pobres mujeres con los vestidos rotos y sucios, con comida insuficiente, que trabajan día tras día por un jornal de hambre, ¿sienten algo por ellas? ¿O están ustedes tan atemorizados, tan ocupados consigo mismos, con sus exámenes, con su apariencia, con sus saris, que jamás les prestan atención?  Cuando las ven pasar junto a ustedes, ¿qué sienten? ¿Sienten que son mucho mejores, que pertenecen a una clase más alta y que, por lo tanto, no necesitan tener consideración por ellas? ¿No quieren ayudarlas? ¿No?  Eso indica cómo piensan. ¿Acaso están todos tan embotados por siglos de tradición, por lo que dicen sus padres y sus madres, son tan conscientes de que pertenecen a cierta clase, que ni siquiera miran a los aldeanos y aldeanas? ¿Están realmente tan ciegos que no saben lo que pasa alrededor de ustedes?

    Es el temor, temor a lo que dirán sus padres, sus maestros, temor a la tradición, temor a la vida, lo que destruye gradualmente la sensibilidad, ¿no es así? ¿Saben lo que es la sensibilidad?  Ser sensible es sentir, recibir impresiones, tener simpatía por aquellos que sufren, tener afecto, damos cuenta de las cosas que suceden alrededor de nosotros.  Cuando está repicando la campana del templo, ¿se dan cuenta de ello? ¿Escuchan el sonido? ¿Alguna vez ven la luz del sol sobre el agua? ¿Se dan cuenta de la gente pobre, de los aldeanos que han sido controlados, oprimidos durante siglos por los explotadores?  Cuando ven a un sirviente que lleva una alfombra pesada, ¿le prestan ayuda?

    Todo esto implica la sensibilidad.  Pero ya lo ven, la sensibilidad se destruye cuando nos imponen una disciplina, cuando sentimos temor o nos interesamos mucho por nosotros mismos.  Interesamos por nuestra apariencia, por nuestros saris, pensar todo el tiempo en nosotros mismos -cosa que casi todos hacemos en una u otra forma-, es ser insensibles, porque entonces la mente y el corazón están cerrados y perdemos toda apreciación de la belleza.

    Ser realmente libre implica una gran sensibilidad.  No hay libertad si estamos cercados por el interés propio o por distintos muros de disciplinas.  En tanto nuestra vida sea un proceso de imitación no puede haber sensibilidad ni libertad.  Es esencial, mientras están aquí, sembrar la semilla de la libertad, lo cual implica despertar la inteligencia; porque con esa inteligencia podrán ustedes abordar todos los problemas de la vida.

                                                                                                                            

                                                

      

    12/9/2008

    La falta de Libertad destruye la Inteligencia.

     

    El Arte de ViVir

    Krishnamurti

     

    CAPITULO 3

     

    Hemos estado hablando acerca del temor y de cómo vernos libres de él, y hemos visto cómo el temor pervierte la mente impidiéndole ser libre, creativa y privándola, por lo tanto, de la enormemente importante cualidad de la iniciativa.

    Creo que debemos considerar también la cuestión de la autoridad.  Ustedes saben qué es la autoridad, pero ¿saben cómo nace?  El gobierno tiene autoridad, ¿no es así?  Está la autoridad del estado, de la ley, del policía y del soldado.  Sus padres y sus maestros tienen cierta autoridad sobre ustedes, les hacen hacer lo que ellos piensan que deben hacer: irse a dormir a cierta hora, comer la clase apropiada de comida, conocer la clase correcta de personas.  Les disciplinan, ¿verdad? ¿Por qué?  Dicen que es por el propio bien de ustedes. ¿Lo es?  Investigaremos eso.  Pero primero tenemos que comprender cómo surge la autoridad.  La autoridad es coacción, compulsión, el poder de una persona sobre otra, de los pocos sobre los muchos o de los muchos sobre los pocos.

    Por el hecho de que alguien sea mi padre o mi madre, ¿tiene algún derecho sobre mí? ¿Qué derecho tiene cualquiera de tratar a otro como basura? ¿Qué piensan ustedes que da origen a la autoridad?

    Obviamente, en primer lugar está el deseo que cada uno de nosotros tiene de encontrar un modo seguro de comportamiento: queremos que se nos diga lo que debemos hacer.  Estando confundidos, preocupados y no sabiendo qué hacer, acudimos a un sacerdote, a un maestro, a un padre o a alguna otra persona buscando una salida para nuestra confusión.  A causa de que pensamos que él sabe mejor que nosotros lo que hay que hacer, vamos a ver al gurú o a algún otro hombre ilustrado y le pedimos que nos diga cómo debemos actuar.  Por lo tanto, es nuestro deseo de encontrar un estilo particular de la vida, una forma de conducta, lo que da origen a la autoridad, ¿no es así?

    Digamos, por ejemplo, que voy a ver a un gurú.  Acudo a él porque pienso que es un gran hombre que conoce la verdad, que conoce a Dios y que, por lo tanto, puede darme paz.  No sé nada acerca de todo esto por mí mismo, de modo que acudo a él, me prostemo, le ofrezco flores, le entrego mi devoción.  Deseo ser consolado, que me digan lo que tengo que hacer y, de ese modo, creo una autoridad.  Esa autoridad no tiene una existencia real fuera de mí.

    Mientras son ustedes jóvenes, el maestro puede señalarles aquello que no conocen.  Pero si es de verdad inteligente, les ayudará a que crezcan para ser también inteligentes, les ayudará a que comprendan la confusión en que viven a fin de que no busquen la autoridad, ni la de él ni la de ningún otro.

    Existe la autoridad externa del estado, de la ley, del policía.  Somos nosotros los que creamos exteriormente esta autoridad, porque tenemos propiedades que proteger.  La propiedad es nuestra y no queremos que ningún otro la tenga, y así creamos un gobierno para que proteja lo que poseemos.  El gobierno se convierte en nuestra autoridad; es nuestra invención, para que nos proteja, para que proteja nuestro estilo de vida, nuestro sistema de pensamiento.  Gradualmente, a través de siglos, hemos establecido un sistema de leyes, de autoridad: el estado, el gobierno, la policía, el ejército, para que "me" proteja y proteja lo "mío".

    También está la autoridad del ideal, que no es externa sino interna.  Cuando decimos: "debo ser bueno, no debo ser envidioso, debo sentirme fraternal con todos", creamos en nuestra mente la autoridad de un ideal, ¿no es así?  Supongamos que soy intrigante, estúpido, cruel, que lo quiero todo para mí, que deseo el poder. Ése es el hecho, es lo que realmente soy.  Pero pienso que debo ser fraternal porque así lo han dicho las personas religiosas, y también porque es conveniente, provechoso decir eso; en consecuencia, creo el ideal de la fraternidad.  No soy fraternal, pero por diversas razones deseo serio; de ese modo, el ideal se convierte en mi autoridad.

    Entonces, a fin de vivir conforme a ese ideal, me impongo una disciplina.  Me siento muy envidioso de usted porque tiene un abrigo mejor o un sari más bonito o más títulos; por consiguiente, digo: "no debo tener sentimientos de envidia, debo ser fraternal".  El ideal se ha vuelto mi autoridad y trato de vivir conforme a ese ideal.¿Qué sucede entonces?  Que vida se convierte en una batalla constante entre lo que soy y lo que debería ser.  Me disciplino, y el estado también me disciplina; ya sea comunista, socialista o capitalista, el estado tiene ideas acerca de cómo debo comportarme.  Si vivo en un estado así y hago algo contrario a la ideología oficial, soy reprimido por el estado, o sea, por los pocos que controlan el estado.

    Existen en nosotros dos partes: la parte consciente y la parte inconsciente. ¿Comprenden lo que eso significa?  Supongan que estoy paseando por el camino y hablo con un amigo.  Mi mente consciente está ocupada con nuestra conversación, pero hay otra parte de mí que está absorbiendo inconscientemente innumerables impresiones: los árboles, las hojas, los pájaros, la luz del sol sobre el agua.  Este impacto de lo externo sobre lo inconsciente ocurre todo el tiempo, aunque nuestra mente consciente esté ocupada.  Y lo que absorbe el inconsciente es mucho más importante que lo que absorbe la mente consciente. Ésta puede absorber comparativamente poco.  Ustedes absorben conscientemente, por ejemplo, lo que se les enseña en la escuela, y eso no es realmente mucho.  Pero la mente inconsciente está absorbiendo de manera constante las acciones recíprocas entre ustedes y el maestro, entre ustedes y sus amigos; todo esto ocurre subterráneamente e importa mucho más que la mera absorción de hechos en la superficie.  De manera similar, durante estas charlas de cada mañana, la mente inconsciente está absorbiendo constantemente lo que se dice, y más tarde, durante el día o durante la semana, de pronto lo recordarán.  Esto tendrá un efecto mayor sobre ustedes que lo que escuchan conscientemente.

    Volvamos atrás: nosotros creamos la autoridad, la autoridad del estado, de la policía, la autoridad del ideal, la autoridad de la tradición.  Quiero hacer algo, pero mi padre dice: "No lo hagas".  Tengo que obedecerle, de lo contrario se enojará y dependo de él para alimentarme. Él me controla mediante el temor, ¿no es así?  Por lo tanto, se convierte en mi autoridad.  De igual modo, estamos controlados por la tradición: "debes hacer eso y no aquello, debes vestir tu sari de cierta manera, no debes mirar a los muchachos, o a las chicas..." La tradición les dice lo que deben hacer; y la tradición, después de todo, es conocimiento, ¿verdad?  Están los libros que les dicen lo que hay que hacer, sus padres les dicen lo que hay que hacer, la sociedad y la religión les dicen lo que hay que hacer. ¿Y a ustedes qué les ocurre?  Quedan aplastados, abatidos.  Jamás piensan, jamás actúan y viven vitalmente, porque todas estas cosas les atemorizan.  Dicen que tienen que obedecer, de otro modo estarán indefensos. ¿Qué significa esto?  Significa que han creado la autoridad, a causa de que están buscando un modo seguro de conducirse, una manera segura de vivir.  La persecución misma de la seguridad crea autoridad, y así es como nos volvemos meros esclavos, dientes en las ruedas de una maquinaria, viviendo sin ninguna capacidad para pensar, para crear.

    No sé si ustedes pintan.  Si lo hacen, generalmente el maestro de arte les dice cómo pintar.  Ven un árbol y lo copian.  Pero pintar es ver el árbol y expresar sobre la tela o en el papel lo que sienten respecto de ese árbol, lo que significa: el movimiento de las hojas con el susurro del viento que pasa entre ellas. Para hacer eso, para captar el movimiento de la luz y de las sombras, tienen que ser muy sensibles. ¿Y cómo pueden ser muy sensibles a cualquier cosa si tienen miedo y están todo el tiempo diciendo: "debo hacer esto, debo hacer aquello, de lo contrario, ¿qué pensará la gente?".  Toda sensibilidad a lo bello es paulatinamente destruida por la autoridad.

    Surge, entonces, el problema de si una escuela de esta clase debe disciplinarles.  Vean las dificultades que los maestros, si son verdaderos maestros, tienen que afrontar.  Alguno de ustedes es una chica o un chico desobediente; si yo soy un maestro, ¿debo imponerle una disciplina?  Si lo hago, ¿qué ocurre?  Siendo más grande, teniendo más autoridad y todo eso, y porque me pagan para hacer ciertas cosas, le obligo a obedecer.  Al hacerlo, ¿no estoy mutilando su mente? ¿No estoy comenzando a destruir su inteligencia?  Si le fuerzo para que haga las cosas porque pienso que eso es lo correcto, ¿no le vuelvo estúpido?  Y a ustedes les gusta ser disciplinados, que les fuercen para que hagan las cosas, aun cuando exteriormente puedan objetarle.  Eso les da una sensación de seguridad.  Si no les forzaran, piensan que estarían realmente mal, que harían cosas incorrectas; por lo tanto, dicen: "por favor, disciplíneme, ayúdeme a comportarme correctamente".

    Entonces, ¿debo disciplinarles o más bien ayudarles a que comprendan por qué son desobedientes, por qué hacen esto o aquello?  Esto significa, sin duda, que como maestro o padre no debo tener sentido alguno de autoridad.  Debo ayudarles realmente a que comprendan sus dificultades, por qué son malos, por qué huyen; debo desear que se comprendan a sí mismos.  Si les fuerzo no les ayudo.  Si como maestro quiero ayudarles de verdad a que se comprendan a sí mismos, eso significa que sólo puedo ocuparme de unos pocos niños o niñas.  No puedo tener cincuenta estudiantes en mi clase.  Sólo he de tener unos pocos, de modo que pueda prestar atención individual a cada uno de ellos.  Entonces, no crearé la autoridad que les obligue a hacer algo que probablemente harían por su propia cuenta una vez que se comprendieran a sí mismos.

    Espero, pues, que vean cómo la autoridad destruye la inteligencia.  Después de todo, la inteligencia puede advenir sólo cuando hay libertad, libertad para pensar, para sentir, para observar, para investigar.  Pero si les fuerzo, les hago tan tonitos como yo lo soy; y esto es lo que por lo general ocurre en una escuela.  El maestro enseña lo que sabe él y no saben ustedes. ¿Pero qué es lo que el maestro sabe?  Un poquito más de matemáticas o geografía. Él no ha resuelto ninguno de los problemas vitales, no ha investigado las cosas enormemente importantes de la vida, ¡y truena como Júpiter o como un sargento mayor!

    Por lo tanto, en una escuela de esta clase es esencial que, en vez de ser meramente disciplinados para que hagan lo que se les dice, se les ayude a comprender, a ser inteligentes y libres, porque entonces serán capaces de afrontar sin temor todas las dificultades de la vida.  Esto requiere un maestro competente, un maestro que se interese realmente por ustedes, que no está preocupado por el dinero, por su esposa y sus hijos; y es responsabilidad tanto de los estudiantes como de los maestros crear un estado de cosas semejante.  No se limiten a obedecer, descubran cómo resolver un problema por sí mismos.  No digan: "hago esto porque mi padre quiere que lo haga".  Descubran más bien por qué quiere él que lo hagan, por qué piensa él que una cosa es buena y alguna otra es mala.  Háganle preguntas, de modo tal que no sólo despierten la propia inteligencia, sino que también le ayuden a él a ser inteligente.

    ¿Pero qué es lo que suele ocurrir cuando comienzan a hacerle preguntas a su padre? Él les castiga, ¿no es así?  Está preocupado por su trabajo y no tiene la paciencia, el amor para sentarse y conversar con ustedes sobre las enormes dificultades de la existencia, de ganarse la vida, de tener una esposa o un marido.  No quiere tomarse tiempo para examinar todo esto, de modo que les aparta o les manda a la escuela.  Y en esto, el maestro es igual que el padre de ustedes, igual que cualquier otra persona.  Pero es responsabilidad de los maestros, de los padres y de todos ustedes, los estudiantes, contribuir al despertar de la inteligencia.

                                                                                 

                                                                                                        http://es.youtube.com/valentinaZul

    Interlocutor: ¿De qué modo puede uno ser inteligente?

    K.: ¿Qué implica esta pregunta?  Quieres un método por el cual ser inteligente, lo cual implica que sabes lo que es la inteligencia.  Cuando vas a algún lugar, ya sabes cuál es tu destino y sólo tienes que averiguar el modo de llegar más allá.  De igual manera, piensas que sabes lo que es la inteligencia y deseas un método por el cual puedas ser inteligente.  La inteligencia es el cuestionamiento del método.  El temor destruye la inteligencia, ¿no es así?  El temor te impide examinar, cuestionar, inquirir; te impide descubrir lo verdadero.  Quizá llegues a ser inteligente cuando ya no sientas temor.  Tienes que investigar todo el problema del temor y estar libre del temor; entonces existe la posibilidad de que seas inteligente.  Pero si preguntas: "¿de qué modo puedo ser inteligente?", estás cultivando meramente un método y así te vuelves tonto.

     

    Interlocutor: Todos sabemos que vamos a morir ¿Por qué le tenemos miedo a la muerte?

    K.: ¿Por qué le temes a la muerte?  Tal vez sea porque no sabes cómo vivir.  Si supieras cómo vivir plenamente, ¿le tendrías miedo a la muerte?  Si amaras los árboles, la puesta del sol, si amaras a los pájaros, la hoja que cae, si tuvieras conciencia de los hombres y mujeres que lloran, de la gente pobre, si realmente sintieras amor en tu corazón, ¿estarías temeroso de la muerte? ¿Lo estarías?  No te dejes persuadir por mí. Consideremóslo juntos.  Ustedes no viven con alegría, no son dichosos, no son vitalmente sensibles a las cosas; por eso preguntan qué va a pasar cuando mueran.  Para ustedes la vida es dolor, por eso están mucho más interesados en la muerte.  Sienten que tal vez habrá felicidad después de la muerte.  Pero ése es un problema tremendo y ustedes no saben cómo investigarlo.  Después de todo, en el fondo de esto está el temor: temor de morir, temor de vivir, temor de sufrir.  Si no pueden comprender qué es lo que causa el temor y se libran de él, entonces no tiene mucha importancia si están viviendo o si están muertos.

    Interlocutor: ¿Como podemos vivir dichosamente?

    K.: Cuando estás viviendo dichosamente, ¿lo sabes?  Sabes cuando estás sufriendo, cuando tienes un dolor físico.  Cuando alguien te golpea o se enoja contigo, sabes que sufres.  Pero cuando eres dichoso, ¿lo sabes? ¿Tienes conciencia de tu cuerpo cuando está sano?  Ciertamente, la felicidad es un estado del cual somos inconscientes, del cual no nos percatamos.  En el momento en que nos damos cuenta de que somos felices, dejamos de ser felices, ¿no es así?  Pero casi todos ustedes sufren; siendo conscientes de eso, desean escapar del sufrimiento hacia lo que llaman felicidad.  Quieren ser conscientemente felices; y en el momento en que son conscientemente felices, la felicidad se ha ido. ¿Puedes decir alguna vez que eres dichoso?  Es solamente después, un instante o una semana después cuando dices: " ¡qué feliz fui, qué dichoso he sido!".  En el instante real eres inconsciente de la felicidad, y ésa es su belleza.

    12/1/2008

    Carta abierta a la Esperanza... Clarissa Pínkola Estés

     

                                      

    http://es.youtube.com/valentinazul 

    Luna

    Amig@s, no os descorazonéis. Estamos hechos para estos tiempos. Últimamente, he sabido de tantos que se sienten profunda y honestamente confundidos.

    Les preocupa el estado actual de las cosas en el mundo. Vivimos un tiempo en que casi a diario hay razones para la perplejidad

    y con frecuencia también para el enojo por cómo se deterioran las cosas que más importan a los visionarios.

    Vuestras valoraciones son correctas.

    El reconocimiento y distinción a los que algunos aspiraban al mismo tiempo que apoyaban acciones tan atroces contra niños,

    ancianos, gente corriente, pobres, imprudentes, desvalidos, resulta sobrecogedor.

     Sin embargo, os pido, os ruego, os animo a que por favor no agotéis vuestro espíritu, entristeciéndoos por estos tiempos difíciles.

    Especialmente, no perdáis la esperanza, porque la verdad es que estamos hechos para estos tiempos.

    Sí. Durante años hemos estado aprendiendo, practicando, entrenándonos y esperando el momento de encontrarnos exactamente en este nivel de compromiso.

    Crecí en los Grandes Lagos y reconozco un buen barco cuando lo veo.

     Aplicado a conciencias despiertas, no ha habido jamás más buenos barcos en las aguas como los hay ahora a lo largo y ancho del mundo.

     Y están completamente equipados y dispuestos a hacerse señales unos a otros como nunca antes en la historia de la humanidad.

    Mirad por encima de la proa, hay millones de barcos de almas justas en las aguas con vosotros.

     Aunque el barco tiemble con cada ola de esta tormenta, os aseguro que los pilares que componen vuestra proa y timón provienen de un bosque superior.

    Estos maderos son famosos por soportar tormentas, mantenerse firme, y avanzar, no importa lo que pase.

    En toda época oscura, existe una tendencia a fijarse en lo malo y lo aún no resuelto del mundo.

    No pongais vuestra atención ahí. También existe la tendencia a malgastar fuerzas afanándose en lo que está fuera de nuestro alcance,

     en lo que todavía no puede ser. No os centréis en eso. Es como malgastar el viento navegando sin izar las velas.

     Hacemos falta, eso es todo cuanto se nos permite saber.

    Aunque encontremos resistencia, serán más las almas grandes que encontraremos y que nos cobijarán, amarán y guiarán, y lo sabremos cuando las veamos.

     ¿No decís que sois creyentes? ¿No habéis pedido gracia? ¿No os acordáis que estar en gracia significa obedecer la voz superior?

    No es nuestra tarea arreglar el mundo entero de una vez, sino encargarnos de corregir esa parte del mundo que está a nuestro alcance.

    Cualquier cosa, por pequeña que sea, que un alma pueda hacer por ayudar a otra, por socorrer a una parte de este mundo sufriente, será de inmensa ayuda.

    No se nos ha concedido saber qué ó quiénes harán que la masa crítica se incline hacia un bien duradero.

    Lo que hace falta para este cambio drástico es una acumulación de actos, que sumen, que se sumen a otros y que continuén sumando.

    Sabemos que para traer justicia y paz no son necesarios todos los seres de la tierra,

    sino un grupo pequeño pero decidido capaz de soportar la primera tempestad, la segunda, la centésima ...

    Una de las cosas más poderosas y tranquilizadoras que podemos hacer para intervenir en un mundo tormentoso es ponernos de pie y mostrar nuestra alma.

    Un alma en la cubierta brilla como el oro en tiempos difíciles. Su luz echa chispas, puede enviar señales, y hacer que las materias adecuadas se enciendan.

    Mostrar la luz del alma en tiempos tenebrosos como estos, ser feroces y a la vez capaces de mostrar compasión hacia otros,

    son actos de inmenso valor y de mayor necesidad. Las almas que luchan por despertar, toman luz de otras que están completamente despiertas

    y dispuestas a dejarse ver. Si queremos ayudar a serenar el tumulto, sería sin duda, una de las cosas más poderosas que podemos hacer.

    Siempre habrá momentos en los que os sintáis descorazonados.

    Yo también he sentido desesperanza muchas veces en mi vida, pero no le guardo un sitio; no voy a hacerle el juego.

    No tiene permiso para comer de mi plato. Y la razón es esta: en lo más profundo de mi ser se algo que vosotros también sabéis.

    Sabéis que no puede haber desesperanza cuando recordáis por qué estáis en la Tierra, a quién servís, quién os ha enviado.

     Nuestras buenas palabras y nuestras buenas acciones, no son realmente nuestras: son las palabras y acciones de Quien nos trajo aquí.

     En ese espíritu, espero que escribáis esto donde podáis verlo bien: Cuando un gran barco está en puerto y anclado, está seguro.

    No hay duda. Pero no se construyen grandes barcos para tenerlos anclados.

    Recibid esto con mucho amor y una oración para que recordéis de quién venís y por qué estáis aquí,

    en esta hermosa y necesitada Tierra.

     
    Clarissa Pinkola Estés

      autora de "Mujeres que corren con los lobos"

    Luna