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    11/21/2008

    El ArTe de ViVir... sin Miedo.

                                                                                                          

       Krishnamurti.-             

            El Arte de ViVir

                             Capítulo 2

    Hemos estado considerando el problema del temor.  Vimos que casi todos estamos atemorizados y que el temor impide la iniciativa porque hace que nos aferremos a la gente y a las cosas como una enredadera se aferra a un árbol.  Nos aferramos a nuestros padres, a nuestros maridos, a nuestros hijos e hijas, a nuestras esposas y a nuestras posesiones. Ésa es la forma exterior del temor.  Estando internamente atemorizados, tenemos miedo de estar solos.  Podremos poseer muchos saris, joyas y otras propiedades, pero internamente, psicológicamente, somos muy pobres.  Cuanto más pobres somos en lo interno, tanto más tratamos de enriquecemos exteriormente apegándonos a las personas, a la posición, a la propiedad.

    Cuando estamos atemorizados nos aferramos no sólo a las cosas externas sino también a las internas, tales como la tradición.  Para la mayoría de las personas de edad avanzada y para las que en lo interno son insuficientes y vacías, la tradición importa muchísimo. ¿Han notado esto entre sus amigos, sus padres y maestros? ¿Lo han notado en sí mismos?  En el momento en que hay temor, temor interno, tratan de ocultarlo bajo la respetabilidad, siguiendo una tradición, y así pierden la iniciativa.  A causa de que les falta iniciativa y sólo siguen a otros, la tradición se vuelve muy importante, la tradición de lo que dice la gente, la tradición de lo que ha sido transmitido desde el pasado, la tradición que carece de vitalidad, del sabor de la vida, porque es una mera repetición sin significado alguno.

    Cuando uno tiene miedo, hay siempre una tendencia a imitar. ¿Han notado eso?  Las personas que tienen miedo imitan a otras; se aferran a la tradición, a sus padres, a sus esposas o maridos, a sus hermanos.  Y la imitación destruye la iniciativa. ¿Saben?, cuando dibujan o pintan un árbol, no imitan el árbol, no lo copian exactamente como es, lo cual sería una mera fotografía.  A fin de tener la libertad necesaria para pintar un árbol o una flor o una puesta del sol, tienen que sentir lo que estas cosas les comunican, el significado, el sentido que tienen.  Esto es muy importante: que traten de comunicar el significado de lo que ven y no que meramente lo copien, porque de ese modo están abiertos al proceso creativo. Y para esto tiene que haber una mente que sea libre, que no esté cargada con la tradición, con la imitación. ¡Miren nada más que sus propias vidas y las vidas de quienes los rodean, vean lo tradicionales, lo imitativas que son!

    En ciertas cuestiones están ustedes obligados a ser imitativos, tal como en las ropas que visten, en los libros que leen, en el idioma que hablan. Éstas son todas formas de imitación.  Pero es necesario ir más allá de este nivel y sentimos libres para pensar las cosas por nosotros mismos, de modo que no aceptemos irreflexivamente lo que algún otro dice, sin ¡importar quién sea: un maestro en la escuela, un padre o uno de los grandes instructores religiosos.  Es esencial que piensen las cosas por sí mismos y no sigan a nadie, porque el seguimiento indica temor, ¿no es así?  En el momento en que alguien les ofrece algo que ustedes desean -el paraíso, el cielo o un empleo mejor-, hay temor de no obtenerlo; por consiguiente, empiezan a obedecer, a seguir.  En tanto estén deseando algo se hallan atados al temor; y el temor mutila la mente de tal modo, que no pueden ser libres.

    ¿Saben lo que es una mente libre? ¿Alguna vez han observado la propia mente?  No es libre, ¿verdad?  Siempre están a la expectativa de lo que sus amigos dicen de ustedes.  Esa mente es como una casa cercada por una valla o por un alambre de púas.  En este estado nada nuevo puede acontecer; lo nuevo sólo es posible cuando no hay temor.  Y es extremadamente difícil para la mente estar libre de temor, porque ello implica realmente estar libres del deseo de imitar, de seguir, libres del deseo de acumular riquezas o de amoldarse a una tradición, todo lo cual no quiere decir que hayan de hacer algo extravagante.

    La libertad de la mente adviene cuando no hay temor, cuando la mente no desea alardear y no urde intrigas en busca de posición o prestigio.  Entonces no hay sentido de imitación.  Y es importante tener una mente así, una mente de verdad libre de la tradición, la cual constituye el mecanismo formador de los hábitos.

    ¿Es esto demasiado difícil?  No creo que sea tan difícil como la geografía o las matemáticas de ustedes.  Es mucho más fácil, sólo que jamás han pensado al respecto.  Pasan diez o quince años de sus vidas en la escuela adquiriendo información; sin embargo, nunca se toman tiempo -ni una semana, ni siquiera un día- para pensar plenamente, completamente en algunas de estas cosas.  Por eso parece tan difícil, pero en realidad no lo es en absoluto.  Al contrario, si le dedican tiempo podrán ver por sí mismos cómo trabaja la mente de ustedes, cómo opera, cómo responde.  Y es muy importante que empiecen a comprender su propia mente mientras son jóvenes, de otro modo crecerán siguiendo alguna tradición, lo cual tiene muy poco sentido; imitarán, o sea, que seguirán cultivando el temor y así nunca serán libres.

    ¿Han advertido lo atados que están a la tradición aquí, en la India?  Deben casarse de cierta manera, sus padres eligen al marido o a la esposa.  Deben practicar ciertos rituales; puede que éstos no tengan ningún sentido, pero están obligados a practicarlos.  Tienen líderes a quienes deben seguir.  Todo alrededor de ustedes, si lo han observado, refleja un estilo de vida en el que la autoridad se halla muy bien afirmada. Está la autoridad del gurú, la autoridad del grupo político, la autoridad de los padres y de la opinión pública.  Cuanto más antigua es una civilización, tanto mayor es el peso de la tradición, con su serie de imitaciones; y, estando agobiada por ese peso, la mente de ustedes jamás es libre.  Pueden hablar de libertad política o de cualquier otro tipo de libertad, pero como individuos nunca son libres para descubrir por sí mismos; siempre están siguiendo, siguiendo un ideal, siguiendo a algún gurú o maestro, alguna superstición absurda.

    Por lo tanto, toda la vida de ustedes está restringida, limitada, confinada a ciertas ideas; y muy en lo hondo, está el temor. ¿Cómo pueden pensar libremente, si hay temor?  Por eso es tan importante estar conscientes de todas estas cosas.  Si ven una víbora y saben que es venenosa, se apartan, no se acercan a ella.  Pero ignoran que se hallan atrapados en una serie de imitaciones que impiden la iniciativa; están atrapados en ellas inconscientemente.  Pero si comienzan a tomar conciencia de ellas y de cómo los tienen sujetos, si se dan cuenta del hecho de que quieren imitar porque sienten temor de lo que la gente pueda decir, porque temen a sus padres o a sus maestros, entonces podrán mirar todas estas imitaciones en las que están atrapados, podrán examinarlas como estudian las matemáticas o cualquier otra materia.

    ¿Están conscientes, por ejemplo, de que tratan a las mujeres de distinta manera que a los hombres? ¿Por qué tratan desdeñosamente a las mujeres?  Al menos los hombres lo hacen con frecuencia. ¿Por qué van a un templo, por qué practican rituales, por qué siguen a un gurú?

    Vean, primero tienen que darse cuenta de todas estas cosas y después pueden investigarlas, cuestionarlas, estudiarlas; pero si todo lo aceptan ciegamente porque por los últimos treinta siglos ha sido así, entonces eso no tiene sentido, ¿verdad?  Lo que indudablemente necesitamos son individuos como ustedes y como yo que están comenzando a examinar todos estos problemas, no de manera superficial o casual sino más y más profunda, a fin de que la mente tenga libertad para ser creativa, libertad para pensar, libertad para amar.

    La educación es un medio para descubrir nuestra verdadera relación con las cosas, con otros seres humanos y con la naturaleza.  Pero la mente crea ideas.  Y estas ideas se vuelven tan fuertes, tan dominantes, que nos impiden mirar más allá.  En tanto haya temor hay seguimiento de la tradición, hay imitación.  Una mente que sólo imita es mecánica, ¿no es así?  En su funcionamiento es como una máquina: no es creativa, no examina los problemas.  Puede producir ciertas acciones, ciertos resultados, pero no es creativa.

    Ahora bien, lo que todos debemos hacer -ustedes y yo igual que los maestros, los directores y las autoridades- es investigar juntos todos estos problemas, de modo que cuando dejen este lugar sean individuos maduros, capaces de considerar las cosas por sí mismos, sin depender de alguna estupidez tradicional.  Entonces tendrán la dignidad de un ser humano verdaderamente libre. Ése es todo el propósito de la educación, no el de prepararles meramente para que aprueben ciertos exámenes y después, por el resto de sus vidas, sean derivados hacia algo que no aman, como el convertirse en abogados o en oficinistas o en amas de casa o en máquinas de engendrar niños.  Tienen que insistir en que se les imparta la clase de educación que les estimule a pensar libremente y sin temor, que les ayude a investigar, a comprender; deben exigirla de sus maestros.  De lo contrario, desperdician la vida, ¿no es así?  Se les "educa", aprueban los exámenes de licenciatura o maestría, obtienen un empleo que les desagrada pero que aceptan a causa de que tienen que ganar dinero, se casan y tienen hijos... y ahí se quedan, clavados por el resto de sus vidas.  Son desdichados, infelices, pendencieros; no tienen nada que esperar, excepto más bebés, más hambre, más desdicha. ¿Llaman a esto el propósito de la educación?  Por cierto, la educación tiene que ayudarles a ser tan agudamente inteligentes que puedan hacer lo que aman y no queden atascados en algo estúpido que les hará desgraciados por el resto de sus vidas.

    Por lo tanto, mientras son jóvenes deben despertar en su interior la llama del descontento, deben hallarse en un estado de revolución. Ésta es la época para inquirir, para descubrir, para crecer; por eso insistan en que sus padres y sus maestros les eduquen apropiadamente.  No se satisfagan meramente con sentarse en una aula y absorber información acerca de este rey o de aquella guerra.  Estén descontentos, acudan a sus maestros e inquieran, descubran.  Si ellos no son inteligentes, al inquirir así les ayudarán a que sean inteligentes.  Y cuando ustedes dejen la escuela crecerán en madurez, en verdadera libertad.  Entonces continuarán aprendiendo durante toda la vida hasta que mueran, y serán seres humanos inteligentes, dichosos.

     

                                                                  

      Interlocutor: ¿ Cómo hemos de adquirir el hábito de vivir sin temor?

     K.: Mira las palabras que has usado.  El "hábito" implica un movimiento que se repite una y otra y otra vez.  Si haces algo una y otra vez, ¿asegura eso alguna cosa, excepto la monotonía? ¿Acaso es un hábito la ausencia de temor?  Ciertamente, la ausencia de temor llega solamente cuando uno puede afrontar los acontecimientos de la vida y resolverlos a fondo, cuando puede verlos y examinarlos, pero no con una mente agotada que está presa en el hábito.

    Si haces algo habitualmente, si estás preso en el hábito, eres meramente una máquina repetitivo.  El hábito es repetición, es hacer irreflexivamente la misma cosa una y otra vez, lo cual ¡implica construir un muro a nuestro alrededor.  Si a causa de algún hábito has construido un muro a tu alrededor, no estás libre del temor; es el propio vivir dentro del muro el que te hace temer.  Cuando tenemos la inteligencia para mirar todo lo que ocurre en la vida, lo cual implica examinar cada problema, cada suceso, cada pensamiento y emoción, cada reacción, sólo entonces estamos libres del temor.

    11/14/2008

    El ArTe de ViVir.(1) Krishnamurti

     

                                             LaMedinaDCP_0260

                                                                                                                 

                                                                                                              LunaKrishnamurti                                                                     

                                                                                                                  El Arte de ViVir

                                                                                            Capítulo primero

    ¿Alguna vez han pensado ustedes por qué se les educa, por qué están aprendiendo historia, matemáticas, geografía o lo que fuere? ¿Alguna vez se han preguntado por qué asisten a escuelas y colegios? ¿Acaso no es muy importante averiguar por qué se les atesta con información, con conocimientos? ¿Qué es toda la así llamada educación?  Sus padres les envían aquí, tal vez porque ellos mismos han aprobado ciertos exámenes y han obtenido diversos títulos. ¿Se han preguntado alguna vez por qué están aquí, y los maestros les han preguntado por qué están aquí? ¿Saben los maestros por qué ellos están aquí? ¿No deben ustedes tratar de averiguar qué significa toda esta lucha, esta lucha para estudiar, para aprobar exámenes, para vivir en cierto lugar lejos de sus casas y no tener miedo, para ser hábiles en los deportes y demás? ¿No deberían sus maestros ayudarles a investigar todo esto y no a prepararlos meramente para que aprueben los exámenes?
     
    Los chicos aprueban los exámenes porque saben que tendrán que obtener un empleo, que deberán ganarse la vida. ¿Por qué aprueban los exámenes las chicas? ¿Para poder conseguir con su educación mejores maridos?  No se rían, sólo piensen en esto. ¿Acaso sus padres les envían lejos, a la escuela, porque en su hogar son ustedes un estorbe?  Pasando los exámenes, ¿van ustedes a comprender toda la significación de la vida?  Algunas personas son muy ingeniosas en la aprobación de los exámenes, pero eso no significa necesariamente que sean inteligentes.  Otras, que no saben cómo aprobar los exámenes, pueden ser mucho más inteligentes; pueden ser más capaces con sus manos y pueden considerar las cosas más profundamente que la persona que sólo rellena su cabeza para aprobar los exámenes.
    Muchos chicos estudian solamente para tener un empleo y ésa es toda la aspiración que tienen en la vida.  Pero después de que consiguen el empleo, ¿qué sucede?  Se casan, tienen hijos y por el resto de sus vidas están presos en la maquinaria, ¿no es así?  Se vuelven oficinistas, abogados, policías o lo que fuere; viven en perpetua lucha con sus esposas, con sus hijos; la vida que llevan es una batalla constante hasta que mueren.
    ¿Y qué es lo que ocurre con ustedes, las chicas?  Se casan -aspiran a eso, así como el interés de sus padres es que se casen- y después tienen hijos.  Si disponen de algún dinero se interesan en sus saris y en cómo lucen; se preocupan por las reyertas que tienen con sus maridos y por lo que dirá la gente.
    ¿Alcanzan a ver todo esto? ¿Acaso no lo advierten en sus familias, en sus vecinos? ¿No han notado cómo esto ocurre todo el tiempo?  Casi ninguno de ustedes averigua cuál es el significado de la educación, por qué necesitan que se les eduque, por qué sus padres quieren que se les eduque, por qué se pronuncian elaborados discursos acerca de lo que se supone que la educación está haciendo en el mundo.  Ustedes quizá puedan leer las obras de Bernard Shaw, quizá puedan citar a Shakespeare o Voltaire o a algún nuevo filósofo, pero si en sí mismos no son inteligentes, si no son creativos, ¿cuál es el sentido de esta educación?
    ¿No es, entonces, esencial tanto para los maestros como para los estudiantes descubrir cómo ser inteligentes?  La educación no consiste en que sean meramente capaces de leer y de aprobar exámenes; cualquier persona lista puede hacer esto.  La educación consiste en cultivar la inteligencia, ¿no es así?  Por inteligencia no entiendo la astucia o el tratar de ser hábil a fin de superar a otros.  La inteligencia, por cierto, es algo completamente distinto.  La inteligencia existe cuando no sienten temor ¿Y cuándo sienten temor?  El temor surge cuando piensan en lo que la gente puede decir de ustedes o en lo que podrán decir sus padres; temen ser criticados, temen ser castigados o fracasar en la aprobación de un examen.  Cuando el maestro les reprende o cuando no son populares en su clase, poco a poco se introduce furtivamente el temor.
    El temor es, obviamente, una de las barreras para la inteligencia, ¿no es así?  Y la esencia misma de la educación consiste en ayudar al estudiante -ustedes y yo- a tomar conciencia de las causas del temor y a comprenderlas, de modo tal que desde la infancia misma en adelante pueda vivir libre de temor.
    ¿Se dan cuenta de que están atemorizados?  Sienten temor, ¿verdad? ¿O están libres de temor? ¿Acaso no sienten temor de sus padres, de sus maestros, de lo que la gente podría pensar?  Supongamos que hicieron algo que sus padres y la sociedad desaprueban. ¿No sentirían temor?  Supongamos que las chicas quisieran casarse con alguien que no pertenece a la clase o a la casta de ellas, ¿no tendrían miedo de lo que la gente podría decir?  Si el futuro marido no ganara el dinero suficiente o si no tuviera posición o prestigio, ¿no se sentirían avergonzadas? ¿No temerían que sus amigas pudieran pensar mal de ellas? ¿Y no temen todos a la enfermedad, a la muerte?
    La mayoría de nosotros tiene miedo.  No digan "no" tan rápidamente.  Quizá no hayamos pensado al respecto; pero si lo hacemos advertimos que casi todos en el mundo, tanto los adultos como los niños, tienen alguna clase de temor que les corroe el corazón. ¿No es función de la educación ayudar a cada individuo a librarse del temor, de modo que pueda ser inteligente?  A eso aspiramos en la escuela, lo cual significa que los propios maestros han de estar realmente libres de temor. ¿De qué sirve que los maestros hablen de no tener miedo si ellos mismos temen lo que sus vecinos podrían decir, si temen a sus esposas?
    Si uno está atemorizado, no puede haber iniciativa en el sentido creativo de la palabra.  Tener iniciativa en este sentido es hacer algo original, hacerlo espontáneamente, naturalmente, sin ser forzado, guiado, controlado.  Es hacer algo que uno ama.  Ustedes deben haber visto a menudo una piedra en medio de la carretera y un automóvil que choca contra ella. ¿Alguna vez han quitado esa piedra? ¿O alguna vez, cuando salían a pasear y observaban a la gente pobre, a los paisanos, a los aldeanos, han hecho alguna cosa, la han hecho espontáneamente, naturalmente, por iniciativa propia, sin esperar que alguien les dijera lo que deben hacer?
    Vean, si sienten temor, todo esto está excluido de sus vidas; se vuelven insensibles y no observan lo que ocurre alrededor de ustedes.  Si sienten temor están atados por la tradición, siguen a algún líder o gurú.  Cuando están atados por la tradición, cuando temen a sus maridos o a sus esposas, pierden su dignidad como seres humanos individuales.
    ¿No es, entonces, tarea de la educación liberarlos del temor y no prepararlos meramente para que aprueben ciertos exámenes, por necesario que esto pueda ser?  Esencialmente, profundamente, ése debe ser el propósito vital de la educación y de todos los maestros; ayudarles desde la infancia a que se liberen del temor, de modo que cuando salgan al mundo sean seres humanos inteligentes, plenos de verdadera iniciativa.  La iniciativa se destruye cuando están meramente copiando, cuando están amarrados por la tradición, cuando siguen a un dirigente político o a un swami religioso.  Seguir a alguien es sin duda perjudicial para la inteligencia.
    El proceso mismo de seguir crea una sensación de temor; y el temor cierra las puertas a la comprensión de la vida con todas sus extraordinarias complicaciones, sus luchas, sus sufrimientos, su pobreza, su opulencia y su belleza -la belleza de los pájaros o de la puesta del sol sobre el agua-.  Cuando están atemorizados, son completamente insensibles a todo esto.
    ¿Puedo sugerirles que pidan a sus maestros que les expliquen lo que hemos estado hablando? ¿Lo harán?  Descubran por sí mismos si los maestros han comprendido estas cosas, eso contribuirá a que ellos los ayuden a ser más inteligentes, a no tener miedo.  En cuestiones de esta clase necesitamos maestros que sean muy inteligentes, inteligentes en el verdadero sentido, no sólo en el sentido de haber aprobado los exámenes de maestría o de licenciatura.  Si les interesa, vean si pueden arreglárselas para disponer durante el día de un período en el que discutan y conversen sobre todo esto con sus maestros.  Puesto que se volverán adultos, van a tener maridos, esposas, hijos, y tendrán que saberlo todo acerca de lo que es la vida, la vida con su lucha para ganarse la subsistencia, con sus desdichas, con su belleza extraordinaria.  Todo esto tendrán que conocerlo y comprenderlo; y la escuela es el lugar para aprender acerca de estas cosas.  Si los maestros les enseñan meramente matemáticas y geografía, historia y ciencia, es obvio que eso resulta insuficiente.  Lo importante para ustedes es que estén alerta, que hagan preguntas, que descubran, de modo que puedan despertar la propia iniciativa.

    11/13/2008

    ¡Ojalá! Eduardo Galeano reflexiona sobre Barack Obama

    Las expectativas despertadas con el "Fenómeno Obama"

     son analizadas por Eduardo Galeano en este breve artículo

    que  titula Ojalá, y dice así:

    ¿Obama probará, desde el gobierno, que sus amenazas guerreras contra Irán y Pakistán fueron no más que palabras

    proclamadas para seducir oídos difíciles durante la campaña electoral?

    Ojalá.

     Y ojalá no caiga ni por un momento en la tentación de repetir las hazañas de George W. Bush.

    Al fin y al cabo, Obama tuvo la dignidad de votar contra la guerra de Irak,

    mientras el Partido Demócrata y el Partido Republicano ovacionaban el anuncio de esa carnicería.

    Durante su campaña, la palabra leadership fue la más repetida en los discursos de Obama. Durante su gobierno,

    ¿continuará creyendo que su país ha sido elegido para salvar el mundo, tóxica idea que comparte con casi todos sus colegas?

    ¿Seguirá insistiendo en el liderazgo mundial de los Estados Unidos y su mesiánica misión de mando?

    Ojalá esta crisis actual, que está sacudiendo los cimientos imperiales, sirva al menos

    para dar un baño de realismo y de humildad a este gobierno que comienza.

    ¿Obama aceptará que el racismo sea normal cuando se ejerce contra los países que su país invade?

    ¿No es racismo contar uno por uno los muertos invasores en Irak y olímpicamente ignorar los muchísimos muertos en la población invadida?

     ¿No es racista este mundo donde hay ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría, y muertos de primera, segunda y tercera?

    La victoria de Obama fue universalmente celebrada como una batalla ganada contra el racismo.

     Ojalá él asuma, desde sus actos de gobierno, esa hermosa responsabilidad.

    ¿El gobierno de Obama confirmará, una vez más, que el Partido Demócrata y el Partido Republicano son dos nombres de un mismo partido?

    Ojalá la voluntad de cambio, que estas elecciones han consagrado, sea más que una promesa y más que una esperanza.

     Ojalá el nuevo gobierno tenga el coraje de romper con esa tradición del partido único,

    disfrazado de dos que a la hora de la verdad hacen más o menos lo mismo aunque simulen que se pelean.

    ¿Obama cumplirá su promesa de cerrar la siniestra cárcel de Guantánamo?

    Ojalá, y ojalá acabe con el siniestro bloqueo de Cuba.

    ¿Obama seguirá creyendo que está muy bien que un muro evite que los mexicanos atraviesen la frontera,

     mientras el dinero pasa sin que nadie le pida pasaporte?

    Durante la campaña electoral, Obama nunca enfrentó con franqueza el tema de la inmigración.

    Ojalá a partir de ahora, cuando ya no corre el peligro de espantar votos, pueda y quiera acabar con ese muro,

     mucho más largo y bochornoso que el Muro de Berlín, y con todos los muros que violan el derecho a la libre circulación de las personas.

    ¿Obama, que con tanto entusiasmo apoyó el reciente regalito de setecientos cincuenta mil millones de dólares a los banqueros,

     gobernará, como es costumbre, para socializar las pérdidas y para privatizar las ganancias?

    Me temo que sí, pero ojalá que no.

    ¿Obama firmará y cumplirá el compromiso de Kyoto, o seguirá otorgando el privilegio de la impunidad a la nación más envenenadora del planeta?

    ¿Gobernará para los autos o para la gente? ¿Podrá cambiar el rumbo asesino de un modo de vida de pocos que se rifan el destino de todos?

    Me temo que no, pero ojalá que sí.

    ¿Obama, primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos, llevará a la práctica el sueño de Martin Luther King o la pesadilla de Condoleezza Rice?

    Esta Casa Blanca, que ahora es su casa, fue construida por esclavos negros. Ojalá no lo olvide, nunca.

    Eduardo Galeano.

    ¡Yes, we Can!

    Arco iris

    La Noche... Secreta Mujer

    Estaré unos dias un poco apartada del bosque,
    aunque vendré menos, no me olvidaré de asomarme para que siga la Vida,
    ... estoy de mudanza y sin conexión directa... tengo que dar mil vueltas para llegar...
     
    ¡Aquí os dejo esta maravilla!
    No es una despedida... Solo un hasta luego...
    ¡Hasta prontito!
    ¡Un abrazo azul intenso! 

         

    LA NOCHE / 1
    No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados.
    Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

    LA NOCHE / 2
    Arránqueme, Señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desnúdeme.

    LA NOCHE / 3
    Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo.

    LA NOCHE / 4
    Me desprendo del abrazo, salgo a la calle.
    En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna.
    La luna tiene dos noches de edad.
    Yo, una.

    En "El libro de los abrazos", uno de los libros más exitosos de Galeano,

     está contenido este pequeño relato titulado "La noche".

    Este relato dividido en cuatro partes sirvió de inspiración a Serrat

    para su canción "Secreta mujer" que formó parte del álbum "Sombras de la China" (1998):

    Compartido por  los AzulesMoon2 de Valentina

    11/11/2008

    Únete a la campaña de los 16 días de activismo contra la violencia de Genero

    Mujeres en Red
    Día y hora:
    25-11-2008 00:00

     

    Una campaña de la sociedad civil con el propósito de celebrar el 60° aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) fue lanzada el 10 de diciembre de 2007.  El Centro por el Liderazgo Global de las Mujeres (CWGL) está orgulloso de ser un socio de la campaña DUDH60 ONG, que está siendo celebrada en un momento en lo cual la legitimidad de los derechos de las mujeres y de los derechos humanos están siendo desafiados en demasiados ámbitos. 

     En el CWGL, vamos a enfocarnos en las siguientes áreas de trabajo:

    • apoyar a las mujeres defensoras de los derechos humanos

    • poner fin a la violencia contra las mujeres

    • fortalecer las estructuras de equidad de género de la ONU

    • exigir un aumento en los fondos económicos dedicados a la igualdad de género

    http://www.cwgl.rutgers.edu/16days/home.html  

         

     

    Únase al movimiento de los 16 Días!

     

    Participe en el diálogo electrónico de los 16 Días!

    Participe en el diálogo electrónico de los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género, mediante la cual las activistas pueden compartir información sobre su trabajo en contra la violencia, construir relaciones de trabajo alrededor del mundo, elaborar estrategias y proponer temas para la campaña anual de los 16 Días. Para participar en la conversación, visite al https://email.rutgers.edu/mailman/listinfo/16days_discussion.

    ¡Envíenos sus materiales!

    ¡Ayúdenos a construir el archivo de los 16 Días!

     Más información sobre la campaña

    Si quereis leer el artículo completo podeis hacerlo en el blog de myspace...

    ¡Yes, We Can!

    Arco iris

     

     

    11/7/2008

    La Gratitud del Guerrero de la Luz

     


     Manual de un Guerrero de la Luz

         

    Un guerrero de la luz nunca olvida la gratitud.

    Durante la lucha, fue ayudado por los ángeles; las fuerzas celestiales

    colocaron cada cosa en su lugar y permitieron que él pudiera dar lo mejor de sí.

    Los compañeros comentan: "¡Qué suerte tiene!". Y el guerrero a veces

    consigue mucho más de lo que su capacidad permite.

    Por eso, cuando el sol se pone, se arrodilla

    y agradece el Manto Protector

    que le rodea.

    Su gratitud, no obstante, no se limita al mundo espiritual; él jamás olvida

    a sus amigos, porque la sangre de ellos se mezcló con la suya en el campo de batalla.

    Un guerrero no necesita que nadie le recuerde la ayuda de los otros;

     él se acuerda solo y reparte con ellos la recompensa.

    Todos los caminos del mundo llevan hasta el corazón del guerrero;

    él se zambulle sin vacilar en el río de las pasiones que siempre corre por su vida.

    El guerrero sabe que es libre para elegir lo que desee; sus decisiones son tomadas con valor,

    desprendimiento y —a veces— con una cierta dosis de locura.

       

    Acepta sus pasiones y las disfruta intensamente. Sabe que no es

    necesario renunciar al entusiasmo de las conquistas;

    ellas forman parte de la vida y alegran a todos los que en ellas participan.

    Pero jamás pierde de vista las cosas duraderas, y los lazos creados con solidez a través del tiempo.

    Un guerrero sabe distinguir lo que es pasajero de lo que es definitivo.

    11/5/2008

    ¡Yes, we Can! Manual de un Guerrero de La Luz. Paulo Coelho

     

    Manual de un Guerrero de La Luz

    De aquí en adelante —y por algunos centenares de años —el Universo

    ayudará a los guerreros de la luz a boicotear a los prejuiciosos.

    La energía de la Tierra necesita ser renovada.

    Las ideas nuevas necesitan espacio.

    El cuerpo y el alma necesitan nuevos desafíos.

    El futuro se transformó en presente, y todos los sueños

    —excepto los que contienen prejuicios —tendrán oportunidad de manifestarse.

    Lo que haya sido importante, permanecerá; lo inútil, desaparecerá.

    El guerrero, sin embargo, no está encargado de juzgar los sueños del prójimo y

    no pierde tiempo criticando las decisiones ajenas.

    Para tener fe en su propio camino,

     no necesita probar que el camino del

    otro está equivocado.

    -Paulo Coelho-

     

          .

    ¡Amanece un nuevo día! ¡El Cambio ha dado comienzo! 

    ¡El Sueño se está cumpliendo!

    ¡Yes, We can!

    ¡Sí, Podemos!

    ¡¡¡La Luz vencerá al infierno!!!

    ¡Otro Mundo está naciendo!

    http://www.myspace.com/lamedina_azul 

     

     

    Manual del Guerrero de La Luz

     

      

    Manual del Guerrero de La Luz

    —En la playa al este de la aldea, existe una isla, con un gigantesco templo

    lleno de campanas —dijo la mujer.

    El niño reparó que ella vestía ropas extrañas y llevaba un velo cubriendo

    sus cabellos. Nunca la había visto antes.

    —¿Tú ya lo conoces? —preguntó ella—. Ve allí y cuéntame qué te parece.

    Seducido por la belleza de la mujer, el niño fue hasta el lugar indicado. Se

    sentó en la arena y contempló el horizonte, pero no vio nada diferente de lo

    que estaba acostumbrado a ver: el cielo azul y el océano.

    Decepcionado, caminó hasta un pueblecito de pescadores vecino y

    preguntó sobre una isla con un templo.

    —Ah, esto fue hace mucho tiempo, en la época en que mis bisabuelos

    vivían aquí —dijo un viejo pescador—. Hubo un terremoto y la isla se hundió

    en el mar. Sin embargo, aun cuando no podamos ya ver la isla, aún

    escuchamos las campanas de su templo, cuando el mar las agita en su fondo.

    El niño regresó a la playa e intentó oír las campanas. Pasó la tarde entera

    allí, pero sólo consiguió oír el ruido de las olas y los gritos de las gaviotas.

    Cuando la noche llegó, sus padres vinieron a buscarlo. A la mañana

    siguiente, él volvió a la playa; no podía creer que una bella mujer pudiese

    contar mentiras. Si algún día ella regresaba, él podría decirle que no había

    visto la isla, pero que había escuchado las campanas del templo que el

    movimiento del agua hacía que sonasen.

    Así pasaron muchos meses; la mujer no regresó, y el chico la olvidó;

    ahora estaba convencido de que tenía que descubrir las riquezas y tesoros del

    templo sumergido. Si escuchase las campanas, sabría su localización y podría

    rescatar el tesoro allí escondido.

    Ya no se interesaba más por la escuela, ni por su grupo de amigos. Se

    transformó en el objeto de burla preferido de los otros niños, que

    acostumbraban a decir: "Ya no es como nosotros, prefiere quedarse mirando el

    mar porque tiene miedo de perder en nuestros juegos".

    Y todos se reían, viendo al niño sentado en la orilla de la playa.

    Aun cuando no consiguiese escuchar las viejas campanas del templo, el

    niño iba aprendiendo cosas diferentes. Comenzó a percibir que, de tanto oír el

    ruido de las olas, ya no se dejaba distraer por ellas. Poco tiempo después, se

    acostumbró también a los gritos de las gaviotas, al zumbido de las abejas y al

    del viento golpeando en las hojas de las palmeras.

    Seis meses después de su primera conversación con la mujer, el niño ya

    era capaz de no distraerse por ningún ruido, aunque seguía sin escuchar las

    campanas del templo sumergido.

    Otros pescadores venían a hablar con él y le insistían:

    —¡Nosotros las oímos! —decían.

    Pero el chico no lo conseguía.

    Algún tiempo después, los pescadores cambiaron su actitud.

    —Estás demasiado preocupado por el ruido de las campanas sumergidas;

    olvídate de ellas y vuelve a jugar con tus amigos. Puede ser que sólo los

    pescadores consigamos escucharlas.

    Después de casi un año, el niño pensó: "Tal vez estos hombres tengan

    razón. Es mejor crecer, hacerme pescador y volver todas las mañanas a esta

    playa, porque he llegado a aficionarme a ella". Y pensó también: "Quizá todo

    esto sea una leyenda y, con el terremoto, las campanas se hayan roto y jamás

    vuelvan a tocar".

    Aquella tarde, resolvió volver a su casa.

    Se aproximó al océano para despedirse. Contempló una vez más la

    Naturaleza y, como ya no estaba preocupado con las campanas, pudo sonreír

    con la belleza del canto de las gaviotas, el ruido del mar, el viento golpeando

    las hojas de las palmeras. Escuchó a lo lejos la voz de sus amigos jugando y se

    sintió alegre por saber que pronto regresaría a sus juegos infantiles.

    El niño estaba contento y —en la forma en que sólo un niño sabe

    hacerlo— agradeció el estar vivo. Estaba seguro de que no había perdido su

    tiempo, pues había aprendido a contemplar y a reverenciar a la Naturaleza.

    Entonces, porque escuchaba el mar, las gaviotas, el viento en las hojas de

    las palmeras y las voces de sus amigos jugando, oyó también la primera

    campana.

    Y después otra.

    Y otra más, hasta que todas las campanas de templo sumergido tocaron,

    para su alegría.

    Años después, siendo ya un hombre, regresó a la aldea y a la playa de su

    infancia. No pretendía rescatar ningún tesoro del fondo del mar; tal vez todo

    aquello había sido fruto de su imaginación, y jamás había escuchado las

    campanas sumergidas en una tarde perdida de su infancia. Aun así, resolvió

    pasear un poco para oír el ruido del viento y el canto de las gaviotas.

    Cual no sería su sorpresa al ver, sentada en la arena, a la mujer que le

    había hablado de la isla con su templo.

    —¿Qué hace usted aquí? —preguntó.

    —Esperar por ti —respondió ella.

    Él se fijó en que, aunque habían transcurrido muchos años, la mujer

    conservaba la misma apariencia: el velo que escondía sus cabellos no parecía

    descolorido por el tiempo.

    Ella le ofreció un cuaderno azul, con las hojas en blanco.

    —Escribe: un guerrero de la luz presta atención a los ojos de un niño.

    Porque ellos saben ver el mundo sin amargura. Cuando él desea saber si la

    persona que está a su lado es digna de confianza, procura verla como lo haría

    un niño.

    —¿Qué es un guerrero de la luz?

    —Tú lo sabes —respondió ella, sonriendo—. Es aquel que es capaz de

    entender el milagro de la vida, luchar hasta el final por algo en lo que cree, y

    entonces, escuchar las campanas que el mar hace sonar en su lecho.

    Él jamás se había creído un guerrero de la luz. La mujer pareció adivinar

    su pensamiento.

    —Todos son capaces de esto. Y nadie se considera un guerrero de la luz,

    aun cuando todos lo sean.

    Arco iris

    Prólogo de

    "Manual del Guerrero de Luz"

    -Paulo Coelho-

    Sol

    Continuará...